Posteado por: tuseeketh en: 2 Mayo 2009
Verdadero o falso. Blanco o negro. Uno o cero. Encendido o apagado. Socialistas o populares. Esta es la política de este país, una puta partida de ping pong de sillón donde la pelota son los ciudadanos que son golpeados de un lado al otro irremisiblemente.
Los políticos españoles tienen básicamente dos preocupaciones dependiendo del puesto que ocupen. Los que están en el poder, se preocupan de robar a dos manos y enchufar a sus amigos; los que están en la oposición, de atacar sistemáticamente al oponente y procurar ser elegidos en las próximas. Punto. Ya se pueden declarar de izquierdas o de derechas, socialistas o populares, moros o cristianos… nada, solo existe eso. Les importan un carajo los ciudadanos, a los que incluso llegan a vacilar en la cara con nombramientos como la Sinde o con la ausencia de dimisiones como la de Trillo.
Es asqueroso ver como se insta al Presidente del Gobierno una y otra vez a comparecer en el Congreso para tener la misma pelea de patio de colegio de siempre. “Tú eres malo”, “todo lo que haces es malo, inconstitucional, inmoral, indecente, in-loquesea”. A lo que el otro responde con un “sí, sí, yo seré malo, pero tú cuando estabas eras peor porque hiciste esto que fue más malo, más inconstitucional, más inmoral, más indecente, más in-loquesea”. Y así van pasando las horas y los días, en esa lucha encarnizada por unos cuantos sillones, donde el único objetivo es salir elegidos en las próximas elecciones para poder ser quien roba y enchufa durante cuatro años. Se podrían debatir cuestiones de Estado, buscar soluciones conjuntas a problemas nacionales. Pero eso sería política de altos vuelos no apta para los borregos que figuran en las listas electorales de esta república bananera.
Lo que más me jode es cuando se las dan de preocupados por nosotros e intentan dar la vuelta a sus argumentos para que parezca que solo piensan en nosotros, cuando no son más que discursos o críticas electoralistas, cargadas de mensajes que despiertan viejos odios o que enfrentan a los ciudadanos de distintas comunidades. Este debe ser el único país en el que estamos en período electoral eterno. Si nos tuvieran la mitad del aprecio que tienen a sus sillones este sería un gran país en el que vivir, pero como no lo tienen, pues tenemos que conformarnos con el buen tiempo, el jamón y los bares. ¡La champions league! Aires de grandeza que no falten, eso sí.
A los políticos de mierda que hay en este país: dejad de miraros el puto ombligo. Dejad de odiar y envidiar al que manda porque puede robar más que vosotros. Por favor, purgad vuestros partidos de toda esa purria jurásica y meted sangre fresca que tenga ganas de que España sea un país de primera, pero de verdad, no de boquilla. Que dais asco, coño, y desmotiváis a cualquiera.
Posteado por: tuseeketh en: 11 Abril 2009
Internet está que arde con el nombramiento de la nueva ministra Sinde-scargas. No es para menos. Lo que está claro es que los presidentes que se acuestan con artistas son los que más en contra del acceso libre a la cultura por parte del ciudadano y más a favor de las entidades gestoras de gestionar los llamados “derechos de autor” están posicionados. Quizás las respectivas mujeres los tienen a dos velas si no mueven ficha, quién sabe.
Pero no escribo esto para rajar de estos calzonazos como PetaZeta o Sarkonazi, escribo para poner en su sitio a esa panda de mamarrachos que se hacen llamar “autores y editores”. Esa gente que escribe una canción y pretende vivir lo que le queda de vida de ella; y no solo eso, sus hijos y sus nietos también. “Papá, ¿por qué nos trabajamos y vivimos como reyes?”, “porque tu abuelo compuso una canción, hijo mío”.
Estoy hasta los putos cojones de ver a estos desgraciados llorar por las esquinas porque pierden mucho dinero, porque los internautas somos unos auténticos delincuentes que les quitamos el pan de la boca. Vamos a ver, el cine y la música española son lamentables, y esto lo dice un seguidor de Almodóvar confeso (sí, lo reconozco). Pero, seamos claros, de las descargas por Internet, ¿qué porcentaje es de producto nacional? ¿un 1%? La mayoría de las obras no valen ni para gastar ancho de banda en ellas. Yo quiero apoyar la cultura de este país, voy al cine a ver las dos películas españolas contadas que pueden valer la pena, pero macho, es que se produce tanto bodrio con el dinero de nuestros impuestos que es indignante, realmente.
En el pasado se culpaba la mercadotecnia millonaria yanki del fracaso del cine español. Luego fueron las cadenas de doble pletina que iban a acabar con la música. Ahora son las descargas P2P. El caso es encontrar siempre a un culpable al que criminalizar por el nefasto resultado de las obras infumables que se producen. Lo que sea por no aceptar la puta culpa solo es del contenido, que es una puta mierda, que vuestras obras no las compramos ni en el top manta, que lo que hacéis es una mierda. ¡A ver si os enteráis!
Pero, ¿de qué hablo? Ya lo saben. Estos zorros saben de sobra como está el percal, por eso se pasan la vida llorando y culpando, para que luego nos impongan un canon indiscriminado y desmesurado que viola nuestra presunción de inocencia y así ellos se aseguren el sustento y el pisito en Miami. Menudas sanguijuelas. Y luego se atreven a llamarnos piratas, ¡nosotros piratas! ¡son ellos los que llenan los bolsillos a dos manos con algo que no les pertenece ni por asomo!
Los que usamos el P2P para descargar contenidos multimedia lo usamos para descargar series en versión original que llegan tarde y mal dobladas a este país, o que ni siquiera llegan. Para ver películas extranjeras donde no salga Fernando Tejero o cualquier otro gualtrapa sin gracia a vomitar interpretar los mismos chistes casposos de siempre. Para poder jugar a juegos en japonés que jamás llegarán a la piel de toro. Para poder leer un libro en el idioma original antes de que el resto del mundo ya esté comentando el final de la historia por Internet porque la editorial de turno se tira un año y medio para traducir doscientas páginas. ¡¡¡Hostia!!!
Desde aquí quiero lanzar un mensaje a todos estos chupópteros sin talento ni gracia: si dormís bien robando al ciudadano obrero por algo que no os pertenece me parece cojonudo, pero tened la puta decencia de, al menos, no salir lloriqueando por la tele o hacer declaraciones de analfabeto digital en los medios.
Posteado por: tuseeketh en: 12 Marzo 2009
Pudiera parecerle al lector un título algo generalista, pero realmente es una adaptación al lenguaje estándar de la magnífica frase “me cago en todo”.
¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? Esta sociedad es una maldita mierda. Antiguamente los más pudientes y cultos del lugar dominaban a la masa analfabeta con las religiones. Con el miedo a la eternidad y a las represalias de un dios misericordioso (paradójico, eh) la gente prefería no jugársela y hacían lo que se les decía sin rechistar. Hoy en día, por suerte, ya hay un volumen considerable de gente que no cree en esas historias. Dígase cultura, dígase vivir sin haber conocido el hambre y la miseria, dígase como salga de los cojones al lector. Absténgase los suspicaces de decir que estoy ligando el analfabetismo a la fe. Ya sé que hay gente muy culta que cree en Dios y esas cosas, bla bla bla. No ralléis, no es el objetivo de esta publicación.
Entonces, ¿qué había que hacer con esa masa inteligente que no se tragaba que un tío rojo con rabo y cuernos les iba a meter un tridente por el culo por pajearse a diario? Muy fácil: inventar el consumismo. Esto consiste en lo siguiente. Se bombardea al individuo con publicidad hasta cuando caga, se le meten por los ojos cuerpos de escándalo a todas horas, se le mete con un puto embudo directamente hacia el cerebro la idea de que sin un producto o sin un cuerpo y una cara perfectos no puede ser feliz. El individuo sufre tal bombardeo que acaba creyéndoselo. Incluso los más cultos del lugar creen que la felicidad reside en tener el próximo teléfono de Apple o que con esa tripa no se puede salir a la calle sin que a uno le señalen. Ya tenemos a todo el mundo jodido.
Con todos los individuos, creyentes o no, cultos o no, bien frustrados e infelices se pasa a la segunda fase del plan. ¿Cuál es la forma de conseguir ese coche todoterreno imprescindible para su felicidad? ¿O una suscripción a un gimnasio que le dejará los glúteos como los de la tía del anuncio del vibropower? El dinero. ¡Qué invento el dinero! Se puede cambiar por todo, desde un televisor hasta una mamada.Y he aquí el origen de todos los males. El puto dinero se convierte en el eje central de la sociedad, la obsesión de los ciudadanos, el primer eslabón de la cadena. Todo empieza y acaba en tener dinero. El único objetivo de todos se convierte en ganar mucho dinero. Se estudia algo “porque tiene futuro y ganarás mucho dinero”. Te metes en una empresa porque “aunque te tratan como basura subes pronto y cobras pasta”. Se admira a alguien porque “está rodeado de tías porque está forrado”. Pues muy bien, ya se ha perdido de vista lo más importante en la vida, y en su lugar se ha puesto el dinero. El individuo está listo para ser manipulado.
¿Estamos locos o qué? Por lo que parece sí. Pero hay algo que se le escapó a los que idearon el sistema. Con las ansias de triunfar y la frustración llegaron aquellos que tomaron la vía rápida para aparentar tener dinero y, por tanto, ser mejores que los demás (de esto va todo): los créditos. ¡Qué fácil es tener dinero! Lo pides y te lo dan, luego ya veremos cómo lo devolvemos. Así estamos, pero no pienso hablar de la crisis, estoy saturado por ella, y darle bombo solo la ceba.
A lo que íbamos: la nueva religión. Ya no se cree en un dios, ahora se cree en el dinero, que solucionará todos nuestros males y nos hará felices. Los bancos son las iglesias de esta nueva religión. Hacen con tu dinero lo que la Iglesia hace con tu fe: limpiarse el culo con él. La analogía es preocupantemente razonable.
Lo que vengo a decir es que ya va siendo hora de quitarnos la puta venda. No necesitamos ni la mitad de lo que tenemos, y cobrar un pastón en el curro o tener un yate amarrado en el puerto no nos hace más felices. No, ya lo hemos comprobado. Centrémonos en las pequeñas cosas, en la gente que queremos, en lo que realmente recordaremos cuando pasen los años. ¿Alguien se acuerda de lo que compró hace dos años? No, pero probablemente sí os acordáis de aquel día en que reísteis hasta que perdísteis el aliento con vuestro mejor amigo. Esas son las cosas que valen la pena joder.
Dejad de rajar de la gente que os importa. Dejad de envidiar al vecino que tiene un coche mejor que el vuestro. Dejad de gastar tanto dinero en cosas que no necesitáis y que solo os anestesian el cerebro durante unos días hasta que volvéis a necesitar otra cosa. Dejad de actuar con el único objetivo de obtener un beneficio económico. Esto es una llamada a la cordura hecha por un tío que está como una regadera. Seguramente un tío que tiene un blog como este no sea vuestro modelo moral a seguir, pero en el fondo sabéis que todo lo que acabo de escribir os atañe a vosotros en algún u otro punto, y os jode saber que es cierto. Y lo peor es que ya lo sabíais.
No es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita. ¿Cuánto necesitáis vosotros para ser felices?
Posteado por: tuseeketh en: 26 Febrero 2009
Hay mucha gente patética en esta sociedad, pero unos de los más odiosos son los Peter Pans. Este es el prototipo de persona que ronda los cuarenta tacos (unos años arriba o abajo) y se cree que puede, no solo mezclarse entre los adolescentes y veinteañeros, sino convertirse en su líder.
Esta escoria con patas de gallo va vestida del Bershka o similares y se creen que dan el pegotazo. Su limitado léxico es, además, repetitivo, siendo las palabras más usadas “fiesta”, “pivas”, “alcohol” y sinónimos, a poder ser en argot juvenil. Su lamentable corte de pelo intenta imitar la última moda, pero al mismo tiempo ocultar la alopecia y las canas. Su pose y su tono de voz siempre es vacilón, simuladamente jovial y chulesco. Da mucho asco, por cierto. No sabes explicar por qué, pero todo él desprende un áurea nauseabunda inexplicable que te hace entrar ganas de tirarle al suelo y patearle.
El hábitat natural del Peter Pan de pro son los localuchos donde van los parias del lugar, ya que en los garitos en voga no les dejan entrar. Se acercan a todo el mundo creyéndose en posesión de una personalidad fascinante, potenciada, en parte, por las sustancias estupefacientes que han tomado. Antes de que puedas quitártelos de encima ya te han soltado su retahíla de soplapolleces supuestamente molonas como “yo es que llevo tres días sin dormir metiéndome farras” o “llevo más de veinte cubatas encima, pero eso para mí no es nada, porque a veces me hinco el doble”. Penoso.
Aunque son odiosos, al mismo tiempo no puedo dejar de sentir pena por esta mugre. Son gente con un autoestima destruido y una mentalidad anclada en el pasado. Se trata de individuos que han tirado por la borda su futuro a una edad temprana a cambio de divertirse en exceso sin pensar en el mañana. Cuando muchos nos matábamos a estudiar o a aprender un oficio para abrirnos paso en la sociedad, esta gentuza holgazaneaba en sus horas de campanismo. No tuvieron la suerte de tener la claridad mental que teníamos en la adolescencia los demás, y siguen sin tenerla para entender que ese tiempo ya pasó y que fumar porros y emborracharse ya no les hace ser populares a su edad, más bien los convierte en parias. O quizás la tienen, pero crean esa personalidad infantiloide a modo de defensa psicológica para no afrontar que son unos fracasados. En cualquier caso son penosos.
A todos los Peter Pans: ¡aceptad de una puta vez que la adolescencia pasó! Evolucionar es necesario y aun estáis a tiempo de convertiros en hombres y mujeres de provecho; y de dejar de darnos por culo, de paso.
Lo que me dice la peña