Todo da asco

El abuso de la palabra friki

Posted on: 11 enero 2008

En una lengua bárbara que hablan en una isla oculta entre nubarrones al noroeste de Francia la palabra freaky significa algo así como “peculiar, extravagante, fuera de lo común”. En este puto país la palabra ha roto el molde en el que se forjó y ha expandido su significado hasta el punto de convertirse en un comodín.

Por supuesto, en este nuestro casposo idioma no hemos tardado en adaptar la grafía a nuestra forma de escribir. No es raro ver escrito friki o friqui en multitud de lugares. Algunos catetos llegan al nivel de escribir freaki, pero prefiero hacer como si este tipo de cosas ni existieran, me hace la vida más fácil.

En un principio un friki era un tío raro, comúnmente un nota con gran afición a la ciencia ficción y la fantasía, a los ordenadores y la electrónica, al manga y al anime o a alguna otra cosa que no sea tan guay como saber escupir muy lejos. La sociedad avanza, y ahora hasta el más chulo del barrio se pasa las horas delante del PC, probablemente bajando porno y hablando por el mésenller (del cual hablaré otro día). ¿Es este chulo un friki? Claro que no.

Empezó la crisis. ¿Cómo podrían volver a etiquetar a estos bichos raros que no sienten ni padecen si la palabra friki se quedaba corta? Era la hora de la expansión: la palabra friki estaba a punto de mutar. Un día, mientras alguien veía crónicas marcianas tuvo la genial idea de llamar friki al Pozi y a todo el elenco de personajes al que entrevistaba Cárdenas para dejarlos en evidencia aprovechándose de la tara mental que tenían. Esta palabra se transmitió a través del programa nocturno con más audiencia de la época, y la gente de todas las edades no tardó en asimilarla en su vocabulario. Aun recuerdo el día en que vino mi padre y me dijo “¿Has visto a Carmen de Mairena en la tele? Vaya friki”. Me quedé estupefacto. Pensé que mi pobre padre no había entendido el significado que aquella palabra entrañaba. Pero sí que lo había hecho, por lo menos el nuevo significado que estaban transmitiendo por la tele y que yo desconocía por no hacerle caso a esa caja tonta.

Poco tiempo bastó para que la palabra friki y su nuevo significado se expandiese como la pólvora. Pronto los niños del colegio empezaron a llamar friki a sus compañeros menos agraciados, autistas o simplemente zumbados. Los padres empezaron a decirles a sus hijos que no vistiesen como frikis cuando los veían con ropa inapropiada para ellos.

Pero ahí no acabó la cosa. La palabra friki, que ya tenía vida propia, necesitaba nuevos horizontes. Ya no le bastaba ser usada para describir a seres humanos. Decidió pasar a los objetos inanimados. De repente la ropa de Agatha Ruiz de la Prada ya no era estrafalaria, era friki. Cualquier cosa podía ser friki: desde un coche tuneado hasta un bolígrafo con la cara de la rana de los Kellogg’s® en la punta.

Esta situación empezó a estresarme. ¿Qué quedaba de la palabra friki tal y como yo la conocía desde hacía tanto tiempo? En manos de los trolls parlantes estaba siendo deformada y adaptada a cualquier situación. Una vez llegué a escuchar “qué día más friki, hace sol pero llueve”. Aquello fue el colmo. Me tapé los oídos y pensé “esto no puede ir a peor”. Cuán equivocado estaba.

Todavía quedaba una barrera más que romper para la palabra friki: las cosas insustanciales. Algún humorista bastardo decidió que salir a la calle con las zapatillas puestas era una situación friki (¿una situación podía ser friki?). No tardaron en aparecer más expresiones que sustituían cualquier palabra perfectamente válida del castellano con este barbarismo hipersémico. Frases como “sí, Verónica y yo tenemos una relación muy friki” o “ir a Port Aventura y no montarse en el Dragon Khan es muy friki” no tardaron en tomar las calles.

A día de hoy ya me he rendido. He educado mi oído para que no se irrite cada vez que oye una utilización aleatoria de la palabra friki. Me intento tranquilizar pensando que la definición de friki en el futuro será:

  1. Persona con costumbres diferentes a las de los demás.
  2. Palabra que se hace servir como comodín por incultos para suplir el escaso vocabulario del que disponen.

A todos los que me llaman friki por ser informático: ¡a mucha honra! Pero yo soy de los castizos, oigan.

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5 comentarios to "El abuso de la palabra friki"

bueno esa palabra es algo relativa. Algunos amigos y yo la usamos para decir que alguien es obsesivo con algo especialmente con el anime o manga y que no tiene casi mas nada que hacer con su vida, alguien que defiende su hobbie por encima de todo y es capaz de insultar a alguien si dicen algo malo de el.

Pero es cuestion de cada quien

Leonardo,

sí, uno de los usos que más se ha extendido es como sinónimo de”obsesivo”. Tipo “es un friki de los pósters”. En fin, un abuso más como cualquier otro.

hoy en dia se le llama friki a casi cualquier cosa lo curioso es que la mitad de los que usan esa palabra no saben lo que significa en realidad.

y añado que no me gustan los frikis obsesivos.

He buscado “friki” y “abuso” en google, porque me acaban de llamar friki por leer a Proust. ¿Recordáis cuando había una especie de guerra entre el gafapasto de a pie, el friki de toda la vida, el moderno y tal? Nada. La acepción popular es que todos esos son frikis. Y ultimamente, eso, me lo han llamado:

– Por comentar que comí en un vegetariano
– Por decir que me gusta la novela negra
– Por comentar que me iba a la filmoteca
– Por tomar un café sin azúcar
– Por decir que me apetecía ver la exposición de impresionismo
– Por decir que me iba a un festival de música
– Por decir que TENIA QUE COMPRAR ROPA
– Por nombrar un director de cine. “¿Te acuerdas del nombre de un director? eso es ser muy friki”.

Por cualquier cosa. Una vez llegué al trabajo con una camiseta del halcón milenario y un libro de ultramar, y proclamé “hoy sí, coño, hoy me podéis llamar friki!”. Ellos encantados.

En realidad estamos en un puro estado de fascismo intelectual.

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