Todo da asco

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Yo es que alucino con la peña que va diciendo lo que hay que comer. Considero que me alimento de puta madre. Como carne, pescado, fruta (poca), verdura, lácteos, legumbres y de vez en cuando me hinco un dulce o una bolsa de cheetos.

Pero es que cuando te enteras de todo lo que te tienes que meter entre pecho y espalda alucinas en colores. Vamos a hacer una lista:

  • 2 litros de agua. ¿Alguien bebe eso en un puto día? ¿usan dodotis por si se mean encima?
  • 5 piezas de fruta y verdura. Por ejemplo, una manzana, una pera, un plátano, una coliflor y un calabacín. Joder, ¡con esto como yo al mediodía! Y todavía no he llegado a la carne y el pescado.
  • 1 litro de leche. ¿Después de los 2 de agua? Casi que mejor me la meto en vena directamente.
  • 3 o 4 raciones de carne semanales. Ni se te ocurra ponerle salsa. Todo a la plancha.
  • 4 o 5 raciones de pescado a la semana. Ah, ¿no era suficiente con la carne? Hay días en que se me solapan, ¿Tengo que comerme un lenguado y un filete, todo detrás de la verdura y la fruta?
  • 4 o 5 raciones de legumbres. Vaya a ser que se te olvide meterte un plataco de lentejas después del filete, el lenguado y la coliflor.

Todo esto es demencial y quiero decir desde aquí que me cago en la puta madre de todos esos dietistas de mierda que salen por la tele y que le comen el tarro a la peña que luego se obsesiona con estos temas. Además, si ellos comen tan bien, ¿por qué están todos gordos?

La patraña de la leche ya roza lo absurdo. Somos la única especie que sigue tomando leche después de la lactancia. En realidad hay miles de personas que no beben ni una gota de leche y viven sin problemas. ¿Por qué mierda nos quieren obligar a beber leche? Yo bebo leche porque me gusta, pero si no os gusta la leche es simple: no bebáis, no es necesaria.

El ser humano suele poner un único requisito a la hora de seguir una norma: que no sea absurda. Es por eso que nadie respeta los límites de velocidad, porque son absurdos. Pues lo mismo pasa con las dietas que nos mandan los magníficos dietistas de la tele. Es tan surrealista que nadie se los toma en serio. Además, es curioso como puede dar tanto de sí el mismo tema. Ves el “Saber Vivir” un día y no lo ves hasta el mes siguiente y… ¡es el mismo programa! Los dietistas dando los mismos consejos y las llamadas de marujonas que se quejan de que sus hijos son gordos porque comen bollycaos. Bueno, y el Torreiglesias haciendo gala de su pedantería, demostrando su ignorancia y su afán de protagonismo a cada minuto, claro. Porque qué asco de tío, que no deja hablar a sus colaboradores (que son los que saben) y se limita a repetir lo que ya han dicho con tono y cara de “me molo”. Torreiglesias, ¡vete a tu casa, pesao!

En fin, desde aquí quiero decir que dejen de rallar al personal con las dietas esas de mierda en las que tenemos que dedicar 10h al día a comernos todo lo que se nos ponga por delante. ¡Rallantes, más que rallantes! A quien lea esto: come lo que te salga de los huevos/ovarios, que la vida son dos días y bastante sufrimos ya como para que nos digan lo que tenemos que comer.

¡Pero que puta mierda de tele que hay en este país, coño!

La televisión pública y privada gratuita en este país sólo tiene un calificativo: invisionable. Es imposible sentarse un rato a ver la televisión sin que le estalle a uno la cabeza. Las cadenas de televisión han entrado en un bucle donde se repite la misma gilipollez noticia una y otra vez.

Si la televisión fuese un hábitat natural, los programas del corazón serían el depredador dominante en él. Todo el día, desde que te despiertas hasta que te acuestas, están dando programas que, de un modo u otro, tienen que ver con el corazón. Y si no es así, lo más probable es que estén dando un culebrón o un documental de los 80 narrado por la misma voz que tenían los malos de Bola de Dragón.

Aunque esta tendencia lleva mucho tiempo imponiéndose, la llegada del nefasto Aquí Hay Tomate fue el catalizador que hizo brotar esta fiebre que se extendió rápidamente traspasando horarios y cadenas. No sólo eso, sino que ha creado escuela. No hay programa que se precie hoy en día que no siga las directrices básicas de Aquí Hay Tomate:

  • Anunciar cada diez minutos una exclusiva inexistente con rótulos y música de terror.
  • Dar voz a cualquiera que esté dispuesto a rajar de un famoso (no importa si no tiene credibilidad o si no puede demostrar lo que dice).
  • Tener un presentador muy profesional, riguroso y serio.

Como por ejemplo Jorge Javier Vázquez. Tengo la desgracia suerte de que esa gran persona sea paisano mío. Me parece vergonzoso estupendo que esa eminencia (porque la tetona chica esa que tiene a su lado no pinta nada y es más bien prescindible) haga un circo a diario con la sexualidad de los muertos, de las borracheras de los famosos o de la fealdad de algunas misses.

JJVAZQUEZ

Señor Vázquez, ¿se ha mirado usted al espejo? Es paradójico que un personaje una persona tan bella y gentil como usted tenga la desfachatez bondad de hablar de otras personas.

Alguna vez he logrado mantenerme en el sofá durante varios minutos para presenciar uno de esos programas, a ver si lograba entender el porqué de la adicción que crean en tantas personas. ¿El resultado? Desastroso. Para empezar, no conocía a nadie de quien rajaban. Frases en plan “dicen que han visto al hermano de la que fuera esposa hace veinte años del hijo de X (donde X es cualquier famosillo)”. Si ni siquiera conocía a X, ¿ cómo iba a conocer al carro de personajes que le rodeaban? Cuando pensé que todo estaba perdido, alguien en el plató intentó aclarar las cosas. Sólo lo intentó, porque no pudo. El griterío de todos los colaboradores convirtió el programa en algo peor que una pelea de gallos. Allí no podía entenderse a nadie, todo el mundo gritando por ver a quién se le escuchaba más. Para más inri, sólo se podía ver la mitad de la pantalla, porque la mitad inferior estaba ocupada por un panel donde no dejaban de aparecer mensajes que había enviado la gente por SMS dándole unas patadas al diccionario que me provocaban náuseas. Insoportable. Apagué el televisor y medité.

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Tras una pequeña investigación en la que me ayudó el señor Google, entendí lo que pasaba: ningún colaborador de aquel programa era periodista. Esto me dejó perplejo. ¿No se supone que la gente que sale por televisión ha estudiado comunicación? No, se ve que ya no hace falta. Ahora para colaborar en un programa debes poner en el currículum “Ex-mujer de torero famoso. Ganas de rajar.” o “Me echaron del Gran Hermano porque insultaba hasta a los cámaras.”. Claro, así les va.

Hablemos un poco de los culebrones. Últimamente en Hollywood están de capa caída. Sólo se dedican a hacer cuartas partes de trilogías y remakes de viejos éxitos para desgraciarlos. Sin embargo, las series yankis últimamente son de lo mejorcito que sale de esa tierra de gordos histérico-paranoicos. En canales como Cuatro o La Sexta se han apuntado al carro y han comprado algunas de las mejores. Pero no se dan cuenta de que eso jamás les dará audiencia en este país de catetos (House es la excepción que confirma la regla). Lo que mola aquí son las series casposas que se regodean en la estulticia y la necedad del español estándar. Véase como ejemplo Los Marrano Los Serrano, Yo Soy Bea, etc.

Sólo una vez tuve la desgracia de ver un fragmento de un capítulo de Los Serrano. Por lo que entendí, el hijo de uno de ellos se había ido a Londres y ellos iban a buscarlo. El caso es que los dos catetazos no tenían ni guarra de inglés, y toda la puta gracia del capítulo era verlos haciendo el congrio por Londres, pegando gritos a lo pastor de cabras y hablando un inglés muy limitado con acento de Cuenca. Se supone que la mayoría de espectadores se debían tronchar de risa al verse reflejados en esa situación. A mí me produjo vergüenza ajena.

¿Crees que ya no me queda nada por criticar de nuestra televisión? Estás muy equivocado. Sólo diré una palabra: publicidad. Si hay algo que ocupe más horas que los programas del corazón, eso es la publicidad. Y no es que lo diga yo, es que la Comunidad Europea expedientó a España por superar los límites de publicidad permitidos. El límite establecido en Europa son 12 minutos por cada hora de emisión. ¡¡¡JA!!! Me entra la risa. En este puto país nos cortan un capítulo de media hora de una serie dos veces con cortes de 20 minutos. Hubo una época en la que yo encendía la tele y recuerdo como una película de hora y media se convertía en un suplicio de tres horas cargadas de publicidad que te hacían olvidarte de lo que estabas viendo.

ninoTV

¡Pero aun hay más! ¿Qué decís de los niños? Si un niño cae enfermo y no puede ir al cole o, simplemente, tiene vacaciones ese día, será mejor que no encienda la tele o acabará llamando furcia a su madre y diciéndole que de mayor quiere vivir de vender exclusivas. Y es que existe un Código de Autorregulación de contenidos de protección a la infancia que TODOS los canales, incluyendo los públicos que pagamos con nuestros impuestos, se pasan por el forro de los cojones. Sólo por dar un dato, las televisiones de ámbito estatal (TVE 1, Antena 3, Cuatro, Telecinco y La Sexta) infringieron en 14 semanas 9.000 veces dicho código. Es decir, en una semana lo infringieron 642 veces. ¿Para qué coño hacen un código de autorregulación si se puede pasar de él como de la mierda y emitir lo que te salga de las bolas? Luego nos quejamos de que los niños de hoy en día son unos hooligans. Claro, si los tienen todo el día delante de esa porquería de televisión (de los padres modernos hablaremos otro día).

Quiero terminar esta entrada dándole las gracias al eMule, al bittorrent y demás programas P2P por dejarme ver lo que quiero ver, cuando lo quiero ver, en el idioma que lo quiero ver y sin anuncios (que no quiero ver).


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